En una ciudad con una impronta histórica y turística tan marcada como Alta Gracia, en la provincia de Córdoba —donde conviven el legado jesuítico, el dique Tajamar y los recuerdos de Manuel de Falla y el Che Guevara—, el comercio de cercanía entendió hace tiempo que no podía funcionar de manera aislada. Lo que comenzó en 2015 con el impulso del primer Centro Comercial Abierto (CCA) se convirtió hoy en una red de tres centros comerciales con identidades diversas que le dan vida y dinamismo a un municipio de más de 65.000 habitantes.
Para conocer cómo se gestó este proceso, sus mayores logros y los desafíos cotidianos, conversamos con Laura Gandossini, presidenta del Centro Comercial, Industrial y Turístico de Alta Gracia y sus Sierras.
Los inicios
La historia de los Centros Comerciales Abiertos en la localidad comenzó a escribirse formalmente en 2015, cuando se constituyó el Paseo del Centro a través de un convenio que contó con el respaldo de la Federación Comercial de Córdoba (FEDECOM) y la asistencia técnica de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).
Sin embargo, el camino venía gestándose desde antes. "La idea nació de la necesidad de fortalecer la actividad comercial y de entender que los comercios debían formar parte de un espacio común", recuerda Gandossini.
Aquel primer paso en el casco histórico —una zona de intensa circulación que hoy combina indumentaria, tecnología y cafeterías de especialidad— se expandió con los años hacia otros dos extremos de la ciudad.
Así se gestó una red de tres polos con identidades propias. Por un lado, el Paseo del Libertador, un corredor comercial de más de un kilómetro y medio sobre el acceso principal, que reúne desde comercios de proximidad hasta servicios. Por el otro, el Paseo del Alto, ubicado en el extremo opuesto, que supo capitalizar su entorno paisajístico para consolidarse como un atractivo gastronómico de referencia para vecinos y turistas de toda la región.
El desafío de tejer confianza
Poner en marcha este engranaje no estuvo exento de escollos. Como en todo proyecto colectivo, la resistencia inicial al cambio y la incertidumbre fueron barreras lógicas. El principal reto consistió en demostrar que las acciones conjuntas no beneficiaban a un local en particular, sino al conjunto de la comunidad.
“Fue un proceso paulatino, de mucho diálogo y presencia”, señala Gandossini. Para destrabar esa resistencia, la institución incorporó un equipo dedicado a recorrer los comercios uno a uno, escuchar necesidades y explicar el sentido de las propuestas. Ese acompañamiento constante fue el cimiento sobre el cual se construyó una confianza sólida que hoy permite que las iniciativas alcancen una adhesión masiva.
Experiencias de éxito
El impacto del trabajo asociativo se mide en hechos concretos. Las acciones comerciales para fechas clave como el Día del Padre, el Día de la Madre o Navidad pasaron de convocar a unos treinta locales en sus inicios a sumar cerca de un centenar de comercios en la actualidad. A esto se sumaron propuestas como el Carnaval de Precios y proyectos de transformación urbana como Embellece tu Ciudad, una acción que comenzó en 2019 junto con el municipio y la provincia. A partir de ello, se logró renovar las fachadas de la Avenida Belgrano gracias a la activa participación de los propios vecinos.
Pero quizás uno de los mayores orgullos de la gestión haya sido la capacidad de entrelazar el comercio con la vida cultural y educativa de la ciudad. Un claro ejemplo fue la integración del tradicional desfile de carrozas del Instituto Manuel de Falla durante el Día de la Primavera, que trasladó su despliegue a las avenidas comerciales.
Se creó una experiencia conjunta con ferias de emprendedores, espectáculos y food trucks. “Fue una verdadera fiesta y una muestra concreta de todo lo que se puede lograr cuando comerciantes, instituciones y comunidad trabajan con un objetivo común”, destaca la presidenta de la entidad.
Una mirada hacia adelante
Hoy el vínculo entre los socios y el equipo gestor es fluido. El vecino camina por un centro comercial vivo, con vidrieras atractivas y propuestas que hacen del recorrido una experiencia cotidiana agradable. Sin embargo, el camino reconoce desafíos pendientes: continuar potenciando la comunicación regional para captar más visitantes y resolver cuestiones históricas vinculadas a la gestión del espacio público, como el ordenamiento del estacionamiento y la limpieza general.
Para aquellos comerciantes que recién comienzan a dar sus primeros pasos en el asociativismo, el mensaje de Gandossini funciona como una hoja de ruta: “Que no bajen los brazos y entiendan que estos procesos llevan tiempo. La unión no se construye de un día para otro: se logra con presencia, escucha, capacitación y constancia. Cada actividad, por pequeña que parezca, ayuda a fortalecer el comercio y la identidad del lugar”.
